Los ruidos que escuchas
en las noches de invierno,
siempre son el viento,
el viento que se cuela
por cualquier resquicio
y domina toda la casa,
toda la memoria.
Es siempre el viento
que se lleva a los niños
para comérselos,
el viento que da sentido a las alas,
a los vuelos de la infancia.
Siempre es el viento,
el viento que se cuela
por la cara, por la espalda,
o te arrastra por la calle,
y yo, pobre ingenuo,
echándome piedras en los bolsillos
para nada.
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