SOMOS TIEMPO Y PENSAMIENTO




SOMOS TIEMPO Y PENSAMIENTOS
limitados e inexactos,
somos unos cuantos versos
y algunos enunciados
casi verdaderos o casi falsos,
somos memoria para dar crédito
de lo que hemos sido en el pasado,
somos sentimientos para fugarnos
del mero hecho de estar vivos,
y somos otros cuantos accesorios
para creernos necesarios. 



HAY MOMENTOS EN LOS QUE YA NO QUIERO SER POETA.

-Ya no quiero ser poeta.
-Insisto: Tengo miedo,
miedo cuando escribo, 
miedo cuando pienso,
cuando estirpo rosas,
cuando escancio copas...
Tampoco me quedan ganas 
de esclarecer misterios,
ni de asomarme a playas 
desde álgidas murallas,
ni de enfrentarme al mar 
para ordenarle a sus olas
que vuelvan al abismo
de donde han surgido.


EL AVE DE LA BELLEZA



Según las Escrituras, esta tierra

es mitad de Dios, mitad del Hombre.

Es cierto que Él creó el Ave de la Belleza,

pero no supo otorgarle nombre.

-¡Qué se encarguen los poetas !-dijo:

-¡Qué los poetas la proclamen,  la amen o la desplumen,

y con sus plumas escriban

cuantos nombres les parezcan!

Y en ello estamos todavía,

...mientras tanto, el Ave de la Belleza

ha revoloteado tantas veces sobre nuestras cabezas,

que ya no canta, sino se ríe de nuestra estupidez e incongruencia, y, abriéndo su envergadura de plata,  pone rumbo al sol, y desde el cenit,  nos provoca, danza, se insinúa,  vuela, por última vez, desnuda:

-Aún no tenéis ni idea de quién soy, a pesar de haber volado en vuestra mente.


La Poesía me ha dado momentos tristes,
sí, es cierto, no puedo negarlo,
pero también justamente todo lo contrario.
La Poesía me ha librado de latir por costumbre,
de ser el muñeco-títere de los tiranos,
de ser el eterno hijo pródigo de la mayoría,
me ha librado de sentir sin sentido,
de convertir las horas del día en pesadumbre,
de ser escoria y sobra del Alto Horno de la Vida.
La Poesía me ha librado de pasar de largo
sin reparar en los ojos de quien me mira.
Tampoco puedo negar que he sufrido,
¡cómo hacerlo, cómo negar la evidencia!
Lo he hecho por cada una de las injusticias
caídas como piedras sobre La Tierra,
lo he hecho por solo rozar lo inalcanzable,
porque he visto sollozar a niños y llorar a hombres,
a madres gritando el nombre de sus hijos
con el dolor retorcido en las sombras de sus vientres.
La Poesía me ha dado fugacidad y compromiso,
nudos en la garganta, rabia en el pensamiento,
evanescencia para tirarle a dios de las barbas,
presencia para joder a los Hombres Grandes Marcas,
me ha dado mirada para mirar Giocondas,
oídos para Debussy, oídos para Mozart.
La Poesía me ha dado la posibilidad de ser Ahab,
o de ser una gran ballena blanca sobre el mar,
a veces, de ser un solitario pez de acuario.
La Poesía me ha dado el poder de la insignificancia
para luchar contra el poder de la importancia
con la humildad a cuesta o con la soberbia alzada,
con la palabra en pie de guerra contra la guerra.
Sobre el amor… ¡Ay, si yo pudiera hablar sobre el amor!
¡Cuántos versos creados y consumidos
en hogueras de carne y almas,
¡cuántas nombres para una sola diosa!
¡cuántas Dulcineas que no lo fueron!
La Poesía me ha dado oportunidad y memoria
para sembrar campos de ayeres
y cosechar presentes, días de mañana.
¿…que he llorado? Claro que he llorado,
como una Magdalena, como una Magdalena,
¿…que he reído? Claro que he reído,
a carcajadas, a carcajadas,
pero siempre he sentido por partida doble
lo que he reído y he llorado.
La Poesía me ha dado el poder de los símbolos:
Caduceos, rosas, clepsidras, incluso ángeles,
con los símbolos he sobrevivido a grandes catástrofes,
a inviernos de melancolía, a despropósitos, a ausencias.
La Poesía ha sido mi Necesidad, hija de la Fortuna,
aquella vieja diosa alegórica por cuyo poder,
el mismo Zeus, debía obedecerle.
En fin, la Poesía me ha dado la capacidad
para no olvidar, para no olvidarme.


Y DESPUÉS DEL SÉPTIMO DÍA,
dios quiso seguir creando.
Pero para ello había que destruir primero:
-Hágase pues la vida y la muerte,
expándase el universo
y que se encoja luego 
al tamaño que me interese.
Se dijo así mismo, sin nadie que le oyese.

Tanto poder y tanta soledad
nunca fue prudente.



       PARTÍCULA DE DIOS

¡Si no fueran las palabras
nuestro mejor medio de expresión!
¡Si sólo fuera el pensamiento,
qué fácil descubrir a dios!
¡Ellas son las llaves que giran
las cerraduras de la reflexión!
Un poema glorioso es aquél que,
al ser leído por primera vez,
no se comprende:
Los dioses no están ni desaparecen,
se intuyen en dimensiones diferentes.
Un poema brillante es aquél que,
al ser leído por segunda vez,
tampoco tiene por qué comprenderse:
Un poema puede haber sido 
un camino hecho por los pies fríos
hundidos en la nieve.
Así es la oferta de dios:
¡Me amas o te mueres?
Una verdadera lanza invisible.
Un poema apoteósico debería ser aquél que,
al ser leído por tercera vez,
también debería impresionarte:
¡Cómo si lo hubiera escrito dios
con sus propias expresiones!
   

¡Creer o no creer,
en ser o no ser
...son las cuestiones!

            

           



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