jueves, 22 de junio de 2017

¿Sobre qué podría escribir yo ahora?
No sé, no tengo ideas en la cabeza,
ni siquiera tristeza... 
...podría crear oximorones, o calipedias,
pero sin palabras,
no puedo describir silencios atronadores, 
no puedo crear hijos perfectos...

Sin palabras, sólo seríamos sinceros
como es sincero el animal salvaje,
sólo triunfaríamos por nuestras virtudes
o sólo fracasaríamos por nuestros defectos,
sin enaltecer la victoria ni lamentar la derrota.
¿Cómo mearíamos nuestro territorio,
con qué sonido aullaríamos a los astros?
Sin palabras aún el cielo no tendría nombre,
ni llamaríamos recuerdos a la memoria.
Un poema no sería obra de los hombres,
ni jamás sería capturado.
no cabría en la boca la ausencia,
ni los detalles de lo eterno,
no sería éneo el cobre, inulto el impune,
sáxea la piedra o zarca la diosa.
¿Cómo compadecernos sólo con gemidos,
cómo saber si el dolor es de muelas o de alma?
¿Cómo ser, sin palabras, anfitriones,
cómo ser víctimas o héroes?
Sería absurda la arrogancia, 
como la providencia o la misericordia.
Muda sería la rosa áurea,
idiota e ignota en el jardín de las manzanas,
sólo una fruta sin maldiciones ni promesas,
sólo una fruta sin orígenes ni finales.
¿Sin palabras, cómo caer en la gloria,
santificar la esperanza o desear odiseas?
¿Cómo amar, o desamparar,
cómo exaltar el olor y los ojos de la amada,
o cómo humillar a los ángeles caídos?
Sin palabras, no tendrían sentido
decretos de reyes ni secretos de magos,
ni siquiera sería lógica la injusticia
más allá de la ferocidad y la mansedumbre,
el gentil sería tan ignorado como la parábola,
el beato tan inútil como el sentido de la nada.

       Juan Francisco Sánchez Andrades. 




domingo, 11 de junio de 2017



SOBRE LA MÚSICA, el poeta dice que Dios la escribe donde nada existe,
que destruye el silencio, como la palabra lo castiga o lo atesora.
Yo sé que la música convierte la intemperie de los sueños en nanas,
que paraliza la lluvia en los cuadernos... y que veces llueve tanto
que la palabra arde en deseos de mentir al sonido,
aunque el sonido siempre halague a la palabra.
La música es la voz abierta para sostener la existencia,
un zigzag que oscila en la escala con fusa entre la verdad y la mentira,
El poeta dice que es la creación contra la muerte,
que todos fuimos música al nacer o tal vez huevos musicales,
hijos a capella y versos de la madre, un dúo de amor por cojones.
El poeta dice que todos somos sólo un sonido piano
en todas partes e incluso en ninguna parte, una resonancia en la memoria
que encanta los recuerdos y somete al tiempo a la insignificancia,
como el sonido del aguacero ciega al miedo de oír
sobre tu propia carne los golpes de tu propia historia.
Música es el octavo día del que Dios no habla, la última tesitura
que no alcanza la voz de un aria en la soledad del alma.
Música es las piernas abiertas de la nostalgia
para que el unicornio que invade la mitología
convierta la orgía de las hormigas en fiestas bajo el abdomen de las mariposas.
Música son dos dedos de espuma en la boca de un poeta
que rabia pero encadena la ira del instinto al ADN de la misericordia.
La música delira o acuerda el pensamiento,
abre la herida o cierra la llaga, transfigura el icor en licores,
o convierte las orejas de los hombres en alas de ángeles,
de elefantes que vuelan sin naires que los sostengan...
Música es, dice el poeta, los pasos que anotan en los pentacalles
que encabalgan los versos rotos de la vida, las derrotas y victorias,
Música es impostar la voz para atiplar la gravedad del terror:
a perder la belleza... por eso cantamos sin cesar, el himno de su gloria...

Juan Francisco Sánchez Andrades. Derechos reservados y blablabla...


jueves, 12 de mayo de 2016

El amor decora el deseo o la ambición
como un verso la idea de una sola palabra,
en su nombre hemos caído dentro de corazones
o en el interior de óvulos tan enormes como un sol
sobre el que el hombre baila o asciende…
pero a pesar de todo, cuando un hombre baila con una mujer
y ella baila, ella ama, ella asciende y gira
y en el segundo que ella gira, gira el Mundo
y lo eterno solo es ella sobre él.
Ella sobre él es la belleza, la rosa deseada
por encima de todas las definiciones,
ella es génesis exacta, diosa que se crea y se infinita
por encima de la verdad y las ficciones.
Ella sobre él es la caída del tiempo
y el tiempo, fricción de  lluvia sobre aguas.
Ella sobre él es la conspiración entre leyendas y milenios
contra la pesadumbre de la Historia.
Ella sobre él jamás es la tristeza sino alas
que se llevan de la memoria las tragicomedias del pasado,
ella sobre él es la abstracción de lo que fuimos
-antes de nacer- y después de haber vivido.
Ella sobre él es la piedad que renace de la fría piedra,
de la inexactitud de la materia y la divinidad de las manos.
Ella sobre él son todas las novelas ambientadas en el alma,
todas las tramas y dramas escritos para damas
que en noches de luna llena se convierten en mujer
bajo los secretos anexos al pensamiento y la mirada. 
Ella sobre él son los olores del origen de la vida arrojados
por la piel como se libera la miel del secreto de su esencia.
Ella sobre él es la lengua desnuda y ardiente
que se atreve a lamer la primera palabra prohibida,
es la bondad elevada a rebelión entre las piernas
con la absoluta convinción de convertir en grito la victoria.
Ella sobre él es el ángelus o el alarido del cáliz
de quien celebra la encarnación del mito y la ternura,
la música contenida en la cúpula de la garganta.
Ella sobre él es una grieta en el Universo
por la que entra la poesía para humanizar el infinito.
Ella baila sobre él como la imaginación eterna
abraza religiones para eliminar el fin de la vida

o la inaudita perfección del silencio...
Ella llora, como llora la tinta de una lágrima
al escribir el último verso de un poema.
Llora la mirada por última vez: tierna nostalgia
sobre la que flota el ayer como el aire sobre el agua.
 Ella llora, mientras mira cómo, gota a gota,
cae del cielo el suero hacia su brazo:
-¿Qué edad tiene usted, señora?
le pregunta, al amanecer, una enfermera
que, entre prisas y cariño, lava su piel
como si rozara un ángel su alma con sus alas.
-Buscando el siglo, tengo años de sobra,
he visto muchas cosas, cosas buenas y cosas malas-,
pronuncia su voz cansada, quejumbrosa por su historia.
-¿Y está usted solita? ¿No tiene usted, hijos?
-Sola no, la soledad está conmigo,
como está siempre la luna en medio de la Nada.
-Anda, mira qué cosas tan lindas dice.
-¿Hijos? Sí, sí que tengo, pero hace mucho,
mucho tiempo que se fueron a la vida.
Ella llora, mientras mira cómo, gota a gota,
cae del cielo la lluvia dentro de su cuerpo,
ella llora,mientras siente cómo el calor de Dios
evapora el amor de sus lágrimas… ella llora,
y mientras llora, sus manitas buscan
tocar en los labios de una enfermera,
la última voz de su vida, la dulce voz
que la hizo feliz, mientras se dormía:
-Señorita, qué sonrisa más bonita…!!!


Anónimo, porque anónimas son vuestras sonrisas,

sobre todo, cuando los recortes en sanidad, afectan vuestro ánimo…

martes, 7 de julio de 2015



Ya os lo digo,
un hombre solo no sirve para nada,
no sirve para ser bien olido,
no sirve para ser bien amado,
no merece dioses ni posee tiempo,
es su propia tumba en su propia cumbre,
y sin embargo, cuántos náufragos
hallaron su salvación en islas desiertas,
comiendo, en soledad, peces y cocos…
¡Cuántos náufragos!

sábado, 27 de junio de 2015



Desleída en el agua
-así su belleza-,
ella desleída en el agua.
Desleída en la luz
-ella desnuda en la luz-,
y el salto, el gran salto
por encima de la vida…
y todo se diluye en un instante…
agua, grito, llanto…

martes, 16 de junio de 2015



UN SUEÑO, HERALDO DE ETERNIDADES.

He soñado y mi sueño habló de mí,
habló de un extraño, de soledades.
¡Mi soledad: el Sol, su edad eterna¡
Era yo, pero solo de helio y ciencia,
era yo, sobre un bosque sin raigambres.
En mi sueño aún no existía la noche
sino un día de Luna siempre llena,
era yo y mi corazón invisible.
He soñado y mi sueño habló de mí,
yo era un gran Sol de fricciones y vientos,
Sol solitario lejos de la Tierra,
yo era un Sol de génesis y holocausto,
yo era cobre y ocre al caer la tarde,
solo era un nombre fuera de nosotros.
¡Era yo, pero fuera de la Historia!
¡Era yo, por encima de los atlas!