martes, 7 de julio de 2015



Ya os lo digo,
un hombre solo no sirve para nada,
no sirve para ser bien olido,
no sirve para ser bien amado,
no merece dioses ni posee tiempo,
es su propia tumba en su propia cumbre,
y sin embargo, cuántos náufragos
hallaron su salvación en islas desiertas,
comiendo, en soledad, peces y cocos…
¡Cuántos náufragos!

sábado, 27 de junio de 2015



Desleída en el agua
-así su belleza-,
ella desleída en el agua.
Desleída en la luz
-ella desnuda en la luz-,
y el salto, el gran salto
por encima de la vida…
y todo se diluye en un instante…
agua, grito, llanto…

martes, 16 de junio de 2015



UN SUEÑO, HERALDO DE ETERNIDADES.

He soñado y mi sueño habló de mí,
habló de un extraño, de soledades.
¡Mi soledad: el Sol, su edad eterna¡
Era yo, pero solo de helio y ciencia,
era yo, sobre un bosque sin raigambres.
En mi sueño aún no existía la noche
sino un día de Luna siempre llena,
era yo y mi corazón invisible.
He soñado y mi sueño habló de mí,
yo era un gran Sol de fricciones y vientos,
Sol solitario lejos de la Tierra,
yo era un Sol de génesis y holocausto,
yo era cobre y ocre al caer la tarde,
solo era un nombre fuera de nosotros.
¡Era yo, pero fuera de la Historia!
¡Era yo, por encima de los atlas!

lunes, 8 de junio de 2015




Ahora es otoño, entre el olor del fin de la lluvia,
me he quedado en el atardecer, orando
y suspenso en la visión del pubis de la Tierra,
rendido ante la áurea epifanía de los cerezos
y la fractalidad de los momentos de la vida.
Un centenar de aves llenan el aire y abren
el nombre de Dios en la boca de sus ángeles,
mientras cierta brisa enreda hilos de seda
entre mis cadencias y los pensamientos.
Ahora es otoño y aquí la Humanidad solo soy yo,
símil del agua, porque el agua tiene su voz,
como  también posee la caída del sol
poder para transformar en piedras preciosas,
austeras rocas bajo la superficie de un remanso…
¡Clepsidra eterna de agua y tiempo, clepsidra
que se lleva el cadáver de una lagartija,
sin solemnidad, hacia su resurrección!
Me he quedado solo en el atardecer,
con mi soledad cayendo dentro del otoño.
Y en mi soledad, la Humanidad solo soy yo,
un hilo de seda sobre el que camina
la conciencia entre dos abismos.
¡Dos abismos: la divinidad y los instintos!

miércoles, 3 de junio de 2015



El viejo Palacio de Vencedores está cerrado,
deshabitado como una antigua vida,
no se puede acceder a él, salvo mirando a través
de una herrumbrosa celosía de volutas y acantos,
a simple vista, la habitación está vacía,
solo un fluorescente desvencijado
cuelga del techo, suspendido por un cable raido,
y abandonadas sobre el pavimento,
cientos de noticias del pasado,
impresas en hojas de periódicos y revistas,
yacen bajo una gruesa capa de polvo.
Su estructura, como cascados huesos humanos,
está a punto de desplomarse,
cuando esto ocurra, caerán sus artesonados,
los frescos de Dios creando el Mundo
y el de Dafne, transformándose en olivo.