¿Sobre qué podría escribir yo ahora?
No sé, no tengo ideas en la cabeza,
ni siquiera tristeza...
...podría crear oximorones, o calipedias,
pero sin palabras,
no puedo describir silencios atronadores,
no puedo crear hijos perfectos...
Sin palabras, sólo seríamos sinceros
como es sincero el animal salvaje,
sólo triunfaríamos por nuestras virtudes
o sólo fracasaríamos por nuestros defectos,
sin enaltecer la victoria ni lamentar la derrota.
¿Cómo mearíamos nuestro territorio,
con qué sonido aullaríamos a los astros?
Sin palabras aún el cielo no tendría nombre,
ni llamaríamos recuerdos a la memoria.
Un poema no sería obra de los hombres,
ni jamás sería capturado.
no cabría en la boca la ausencia,
ni los detalles de lo eterno,
no sería éneo el cobre, inulto el impune,
sáxea la piedra o zarca la diosa.
¿Cómo compadecernos sólo con gemidos,
cómo saber si el dolor es de muelas o de alma?
¿Cómo ser, sin palabras, anfitriones,
cómo ser víctimas o héroes?
Sería absurda la arrogancia,
como la providencia o la misericordia.
Muda sería la rosa áurea,
idiota e ignota en el jardín de las manzanas,
sólo una fruta sin maldiciones ni promesas,
sólo una fruta sin orígenes ni finales.
¿Sin palabras, cómo caer en la gloria,
santificar la esperanza o desear odiseas?
¿Cómo amar, o desamparar,
cómo exaltar el olor y los ojos de la amada,
o cómo humillar a los ángeles caídos?
Sin palabras, no tendrían sentido
decretos de reyes ni secretos de magos,
ni siquiera sería lógica la injusticia
más allá de la ferocidad y la mansedumbre,
el gentil sería tan ignorado como la parábola,
el beato tan inútil como el sentido de la nada.
Juan Francisco Sánchez Andrades.
jueves, 22 de junio de 2017
domingo, 11 de junio de 2017
SOBRE LA MÚSICA, el poeta dice que Dios la escribe donde nada existe,
que destruye el silencio, como la palabra lo castiga o lo atesora.
Yo sé que la música convierte la intemperie de los sueños en nanas,
que paraliza la lluvia en los cuadernos... y que veces llueve tanto
que la palabra arde en deseos de mentir al sonido,
aunque el sonido siempre halague a la palabra.
La música es la voz abierta para sostener la existencia,
un zigzag que oscila en la escala con fusa entre la verdad y la mentira,
El poeta dice que es la creación contra la muerte,
que todos fuimos música al nacer o tal vez huevos musicales,
hijos a capella y versos de la madre, un dúo de amor por cojones.
El poeta dice que todos somos sólo un sonido piano
en todas partes e incluso en ninguna parte, una resonancia en la memoria
que encanta los recuerdos y somete al tiempo a la insignificancia,
como el sonido del aguacero ciega al miedo de oír
sobre tu propia carne los golpes de tu propia historia.
Música es el octavo día del que Dios no habla, la última tesitura
que no alcanza la voz de un aria en la soledad del alma.
Música es las piernas abiertas de la nostalgia
para que el unicornio que invade la mitología
convierta la orgía de las hormigas en fiestas bajo el abdomen de las mariposas.
Música son dos dedos de espuma en la boca de un poeta
que rabia pero encadena la ira del instinto al ADN de la misericordia.
La música delira o acuerda el pensamiento,
abre la herida o cierra la llaga, transfigura el icor en licores,
o convierte las orejas de los hombres en alas de ángeles,
de elefantes que vuelan sin naires que los sostengan...
Música es, dice el poeta, los pasos que anotan en los pentacalles
que encabalgan los versos rotos de la vida, las derrotas y victorias,
Música es impostar la voz para atiplar la gravedad del terror:
a perder la belleza... por eso cantamos sin cesar, el himno de su gloria...
Juan Francisco Sánchez Andrades. Derechos reservados y blablabla...
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