ALGUIEN DA LA MANO A ALGUIEN
en mitad de la calle que se llama
"Calle del Trasero de la Vida".
De él se conoce su tácita infancia,
sus pautas de comportamiento
y su tendencia a trapichear bajo la luna
con algo de coca y amargo chocolate.
Se conoce también cómo sus elegíacos ojos
se ocultan en la sombra y abren fuego
contra todo lo que se mueve y viste falda corta.
Se conoce también cómo se enrolla,
cómo deja caer de su mirada infame,
ternura de teatro sobre las muchachas
que pasan de vuelta a casa
por la Calle del Trasero de la Vida.
Y de ella, sílfide de falda corta,
se conoce cómo huye de la soledad
-en pie de guerra-,
se conoce también que un día fue flor,
y que cayó en el sórdido mundo
de los grafitis pintados en los muros
-de los extrarradios-,
donde se consume lo que al principio es euforia,
y más tarde, ante el desencanto, tristeza,
-simple misericordia-.
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