Te crees inteligente y, sin embargo, no eres capaz de ser feliz.
Te crees poseedor de la verdad y, sin embargo, la oculta tras falsas apariencias, con tal de no sentirte ridículo.
Te crees capaz de amar plenamente y, sin embargo, solo amas la percepción efímera de la belleza.

Te crees la ilusión de la vida eterna y, sin embargo, diferencias el alma de la conciencia.
Te crees que Dios te creó necesario y, sin embargo, solo te hizo su enemigo.
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