...y allí, donde la fábrica de mármol eleva
nubes de alabastros áureas y polvorientas,
en tiempo de mis abuelos, el Gran Rey Midas,
entre lanzas doradas agitadas al viento,
cantaba el secreto de sus orejas de burro.
Las liras de la tarde tocaban el aire,
silbando melodías entre los almendros,
preludiando aromas de azahares y lirios
entre los que llovería agua de mujer desnuda.
Y las mimosas que aún no conocían la verdad
se dejaban herir por el alfanje nocturno,
apenas sin llorar, como si flores adultas
fueran desde aquel mismo instante.
Al punto, la noche espesa de estrellas engastadas
en el negro metal de los mitos del tiempo,
mentía sobre la piel, sobre el agitado cuerpo,
mentía para fraguar hermosos recuerdos.
mentía para fraguar hermosos recuerdos.
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