martes, 22 de julio de 2014

Sabía que existía, pero no recordaba dónde, tampoco exactamente el cuándo. No hablo de mí, sino de este poema mío que escribí hace treinta y x años. Por fin lo encontré, estaba un poquito magullado por tachones y sinónimos, pero ¡¡pude rescatarlo!!:

Mis manos quisieron ser
raíces para la tierra,
-para el cielo, ser alas-,
quisieron ganar batallas
y alzarse contra la guerra.
Mis manos quisieron ser
felices, llenar la nada,
transformar en pan la piedra
y caricias en palabras,
quisieron hacer del hielo
el fuego sobre la llama.
Mis manos quisieron ser
sonrisas para los llantos,
cánticos para los dramas,
para la tristeza, hachas.
Quisieron ser lluvia cálida
para hidratar el alma,
para el silencio, voces,
para calmar la sed, agua,
dulce miel, para saciarla.
Quisieron ser ramas de Dafne,
quisieron rasgar guitarras.
Quisieron parar el tiempo,
llevarlo hacia el pasado,
en clepsidras, contenerlo,
apresurarle su marcha.
Mis manos quisieron ser
cleptómanas de la muerte,
eternamente, robarla.
Mis manos quisieron ser
llaves para abrir puertas,
arietes contra tapias,
escalas contra murallas.
Quisieron ser auroras,
albas contra madrugadas,
en la oscuridad, flamas.
Mis manos quisieron ser
tus manos para sentirte,
-quisieron sentir tus manos-,
quisieron cubrir tus ojos:
-Adivina quién soy?
-Quien me ama, quien me ama!

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