martes, 22 de julio de 2014

Con la juventud exiliada por los años padecidos,
por fin vuelvo, como una tarde caída del invierno,
al origen del camino que iniciaron mis recuerdos.
Aquí oigo hablar a Dios con sus dioses y sus diosas,
aquí el silencio solo soy yo mismo.
Este reducto es mi clepsidra de arena y agua.
Aquí tengo poder para dar la vuelta al tiempo
cuando el tiempo se agota, cuando declina,
¡Cuándo el tiempo se agota!
Aquí se cierra el círculo, se inicia el infinito,
se abre felizmente la partida.
¡Esta es la tierra que no pesa!
La tierra donde el amor fue levadura
para elevar a la pasión mis sentimientos.
La tierra transformada en retorno,
la elegida por la alegría y la tristeza
para hacer un hombre de corazón y sueño.
Aquí es donde la voz se apiada de la palabra
y anida en poemas auscultados en el alma,
aquí es donde laten como tambores de guerra
los sonidos conspirados entre un hombre y un poeta.
Aquí es donde olvido que soy misericordia
de un creador que me creó para deshacerme,
aquí yo soy lo únicamente eterno,
durante el tiempo que tarda un pensamiento
¡en disolverse!
Aquí el Poder no puede.
Aquí la muerte no triunfa.
Aquí la cárcel es cielo sobre lluvia.
Aquí el insecto es espíritu santo.
Aquí la piedra se derrumba
como se derrumba el odio entre caricias.
Aquí el fuego carece de sus llamas.
Aquí todo ser semidesnudo
cubre su cuerpo con su alma.

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