viernes, 26 de septiembre de 2014



Como el albañil de la nostalgia,
cuyo oficio es reconstruir en la memoria
tardes de noviembres decoradas de otoño,
enumero cada momento lánguido acontecido,
pero también todas mis adolescencias.
Recordar es el oficio del poeta,
recordar incluso lo que aún no ha sucedido,
concluir que la vida es un cúmulo de actos,
y sus recuerdos, castigos o recompensas.
Excitante oficio, resumir la vida,
abrir la libertad, usarla y formular juicios,
esperar en vano que se aleje la desdicha
para apresarla e inmovilizarla en el olvido,
postular que nadie muere, nadie,
o que solo muere quien no ha vivido.
Recordar, sí, recordar nombres y caras
de diosas o de simples heroínas de la vida,
urdir historias sobre cálices o rosas,
recordar promesas de amor y revivirlas
para deslumbrar los ojos de quien ama
con la ternura de la desnudez perfecta,
recordar que sobre la piel de una mujer
escribí, sin idioma, mi mejor literatura,
que sobre ella autografié mi nombre,
que sobre ella leí y diluí mis oraciones.
¡Así nos abrazan los años, recordando
…esperando que la fortuna nos permita
que mañana sea recuerdo del pasado.
Extraño oficio, extraño:
Empezar por el final, como los círculos,
terminar en el principio, como los círculos!

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