martes, 9 de septiembre de 2014

…me hablas de ese demente sacramento
que conjuran los todopoderosos de la Tierra
contra los necios que la habitan…
…háblame de sentidos figurados, de leyendas,
de historias de diosas con ojos azules
o de historias de héroes contra quimeras,
pero no, tú me hablas de la guerra,
me hablas en nombre de dioses de mierda
que ni siquiera son auténticos seres vivos,
hablas de enarbolar banderas de sangre y seda
en campos de batallas que no te corresponden
para enriquecer con tu vida al hombre rico,
hablas del gran suicidio colectivo, de la muerte,
como quien habla y sonríe alegremente
de la suerte de matar o que te maten.
Háblame de mesas redondas, de ágoras,
de pecios que emergen de ayeres profundos
para contener la incongruencia del presente.
Hablas, y hablas por los codos de sinsentidos,
de inmolarte para conquistar una colina,
un nido o un enjambre de metralletas,
de calar con bayoneta el corazón del  enemigo
para vanagloriar tu pecho con honores,
para condecorarte con el orgullo de los necios.
Hablas de la guerra como lo haría un cruzado,
enamorado de sus propias crueldades.
Háblame de éxitos, de triunfos y victorias
sobre la impiedad del bárbaro y sus iniquidades,
de excarcelaciones, de hombres sin fronteras,
de heraldos blancos y blancos césares,
háblame de manifiestos contra la tristeza.
Pero tú me hablas de balas que te rozan el oído
con la misma gratitud con que celebrarías
la ternura de la mujer, de la hija o de la madre.
Hablas de adalides  que te encaminan hacia glorias…
de tormentas del desierto, de franjas milenarias,
de acorazados hundidos en océanos pacíficos,
de aquel tiempo nefasto en que conducías
un Pegaso de acero con un antiaéreo a la espalda.
 -En fi, a la orden de usía, mi coronel,
dejo a su disposición toda mi poesía,
para que se meta todas sus guerras
en el ancestral culo de la desdicha.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario