martes, 2 de septiembre de 2014

                    
Se teñirán de sepia las tintas, los recuerdos,
a oscuras, en las noches largas del frío invierno.
Llegará la tristeza, hecha carne y adherencia,
llegará el eclipse y la urdimbre de las sombras
que proyectan aquellas ideas que jamás
pusimos en marcha por temor a equivocarnos.
Se deshilacharán nuestras huellas del pasado,
como ayer se deshilacharon en la memoria
las primeras citas de amor, el primer secreto,
oculto, por pudor, a los ojos de los padres.
Se desvanecerán los deseos y atterezos,
los breves escenarios sobre los que brillamos
disfrazados de dioses con sus propios ajuares.
Pasará la vida y podremos oír el tiempo,
viajaremos del ayer hacia el futuro incierto,
solos, sin que apenas se insinúen los presentes,
solos, con algo de fe a cuestas y desconcierto,
con suerte, seremos dulcemente olvidados,
con suerte, añadiremos nuestros breves nombres
a la lista de los hombres que jamás han muerto
con la esperanza de que algún día nos pronuncien:
¡Mientras la humanidad exista, Seres Eternos!

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