La luna rueda sobre el fondo de sus ojos,
-dices de ella, mientras pierdes tu nombre-,
abrirías sus altares, abrirías su cáliz,
la forma sagrada de sus labios,
le darías la paz tras la codicia,
recorriendo su espalda,
la amarías con la misma intensidad
con que ama la vejez a la infancia
y desea olvidar el resto de la vida.
JUAN FRANCISCO SÁNCHEZ ANDRADES
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