martes, 26 de agosto de 2014

Ningún poeta quiere dejar de morir un solo instante…
…ni de vivir… ni de amar… ni de hurgar en heridas…
Un poeta es capaz de hacer cosas extraordinarias,
yo mismo enrolo palabras sobre olas y las lanzo al mar,
algunas serán pecios en la memoria, otras,
varadas y en silencio, encallarán en alguna orilla opuesta.
Yo mismo podría convertir en isla desierta
la multitud solitaria de una gran ciudad.
Cualquier poeta puede perder el tiempo
escribiendo sobre el amor en lugar de hacerlo,
-es la máxima expresión de la autocomplacencia-,
yo mismo debería amordazar mi pensamiento
o  dejar de calcular números áureos sobre el cuerpo
y la piel de la mujer que me ama, y amarla.
Cualquier poeta puede guardar un recuerdo
como un perro entierra un hueso para comer mañana,
yo mismo desentierro viejas impresiones del pasado
y las reconvierto en resurrecciones o misericordia.
Cualquier poeta puede permanecer siete días completos
sobre una pared en blanco sin pestañear
y descomponer la luz blanca en setenta mil conceptos.
Cualquier poeta en su sano juicio reconoce
cuántos hombres comen los dioses cada noche,
y que sobrevivir al alba es todo un éxito.
Cualquier poeta sabe que el filo de una navaja
separa los pecados en dos grandes grupos:
Los que olvidamos y los que cargamos bajo la mirada
como auténticos ángeles caídos,
yo mismo peco, peco y me redimo
y cuando escribo confieso o maldigo
cuántas veces no quise ser quien he sido.
Cualquier poeta sabe que emperifollar los versos
es un modo de sacudir la tristeza del alma,
yo mismo describo pájaros rarísimos apostados
sobre la infinita sinalefa de un cable de teléfono.
¡Esos pájaros cantan alegremente mi tristeza!
Cualquier poeta podría absorber la lluvia
y exhalar su esencia evaporada hacia el cielo,
yo mismo he dicho que la lluvia son millares de fonemas
golpeando sobre la tierra: ideas, ideas… ideas…

JUAN FRANCISCO SÁNCHEZ ANDRADES
©copyright

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