A veces, al amanecer, coincido con la Señora Mila
cuando baja a pasear su perrita cansada y nívea,
multiplicados por siete, tendría unos noventa años humanos,
aún así, mi perro la olisquea, juega y salta sobre ella
en un vano intento de rejuvenecerla.
Al principio, solo hablábamos de asuntos caninos,
de cómo un perro siente y ama, sobre los parásitos,
o sobre qué tipo de piensos son más nutritivos;
con el tiempo, me ha ido contando “cosas que pasaron”,
por ejemplo, que sus hijos viven y trabajan en Bélgica,
y que está sola, sola con su perrita cansada y nívea,
pero que una vez al año vuelven a España
y ella los espera como si fuera a parirlos de nuevo…
me cuenta que tanta soledad le abruma,
y que para romper la soledad, escribe versos,
-versos bobos, no vaya usted a creer que soy poetisa,
ni siquiera conozco la mitad de las palabras del diccionario…
Me cuenta que escribe sobre su esposo fallecido,
sobre el vigoroso esposo de sus sueños,
escribe sobre una tarde de cine en la que él…
…intentó, tímidamente, separar sus rodillas,
-pero no obtuvo éxito, sino un gesto despectivo.
En el fondo lo estaba deseando, delata su sonrisa.
Escribe también sobre los malos tragos,
sobre cómo le cayó la vida por sorpresa,
sobre cómo fue madre urgente por un arrebato tonto,
el mismo año en que su padre se disparó en la boca,
perturbado por las atrocidades de la guerra.
-Tuvimos que trabajar duro, muy duro, sin piedad,
las cosas no eran como son ahora, pasamos mucha hambre,
el hambre era el pan nuestro de cada día,
¡Cuántas calamidades, por cualquier diarrea te morías!
Trabajé en casas de bien fregando suelos, trabajé
de sol a sol en los campos, preñada hasta las orejas.
Tuvimos que inventarnos qué sería la felicidad
para no volvernos locas de tristeza, por eso no llorábamos…
Pero en fin, que le voy a contar a usted, Francisco,
solo son cosas que pasaron, cosas que cayeron.
-Además -dice sonriendo como quien llora dentro del alma-,
¿A quién le importarán mis versos?
Yo también sonrío, sonrío y en cierto modo me avergüenzo:
Sabe usted una cosa? Me resolvió un pequeño dilema,
esta mañana, antes de salir a pasear a mi perro
no sabía si escribir sobre el mito de Teseo y Ariadna,
o sobre las infidelidades de un poeta hacia sus compromisos.
JUAN FRANCISCO SÁNCHEZ ANDRADES
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