viernes, 8 de agosto de 2014

He soñado absurdamente



He soñado absurdamente, he soñado que fui
el último hombre en tirar la primera piedra,
soñaba que la lanzaba al centro intangible de la distancia,
hacia donde deprimen los ocasos, hacia la Nada.
Soñé también que fui el último hombre
que pisó por primera vez el Mar de la Tranquilidad,
que nadaba en sus aguas de polvo de Luna,
que un cráter con boca de sepia gigante
me absorbía, me absorbía hacia el abismo.
Todos los sueños son absurdos, incluso la vida,
no he conocido a nadie fuera de lo absurdo,
absurda es la muerte y sus efectos especiales,
absurdo es el hombre que se compadece de si mismo
recordando su pasado, los ayeres donde fuimos
siempre algo más felices, algo menos desdichados.
Absurdo es el resultado de nuestras acciones
porque no se molestará ningún dios en merecernos,
tan absurdo como creer que al terminar la vida,
al empezar la muerte, nos acompañará la suerte,
si la suerte es en este caso la llave de los paraísos.
Absurdas son también las fototipias de aquellos
que fueron nombres mientras lo fueron,
absurdos los siglos que los hicieron olvido.
Absurdo es padecer pensamientos sobre el infinito,
alrededor de lo eterno,  pensarnos eternos,
Jajaja… no son las ataúdes cajas de sorpresas,
sino cajas fuertes cuyas llaves se arrojan al océano.
Absurda es la esperanza de convertir la pesadumbre
en un glorioso día de mañana, en un triunfo sobre la tristeza,
tanto como flores que hoy son tremendamente bellas
y mañana: solo ayer lo fueron.
Absurdo es el silencio embaucador donde habitan las palabras.
¡Ay el idilio perfecto entre el oído y las palabras,
qué absurda coalición para elevar el alma hacia la Nada!
Qué absurdo el soslayo de las miradas
o las miradas lanzadas de lleno  hacia los ojos,
qué absurdo amarnos, qué absurdo escribir que amamos,
qué absurdas las convulsiones que genera el amor
en las manos, letra y puño de un poeta.
Absurdas las direcciones, la ambigüedad de los sentidos
de los caminos que se hicieron hacia atrás.
Absurda la ética que se cuelga como un abrigo
justo al entrar en la casa de un amigo.
Absurda la guerra que no tiene como fin la victoria,
el motín y la matanza, ¡el motín y la matanza!
absurda la guerra en todos los tiempos…
En fin, qué absurdo quien piensa que todo es absurdo
mientras no tengamos certeza plena sobre algo…

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