sábado, 30 de agosto de 2014

Aún no sé, hablando de poesía, si te ríes
o me dices la verdad, luego me susurras:
“La cafetera del bar donde trabajo,
suena al silbato de las locomotoras
de las novelas de Pasternak...”
Y me besas en la boca sin terminar la frase:
“ De seos catedralicios son los sexos...”
Y cierta ironía cariñosa se te pinta en los labios.
Me besas y me dices que a veces me parezco
al mismísimo Malachi Mulligan, e incluso
que mi nombre tiene, como el personaje de Ulises,
cierta músicalidd helénica. Y te ríes,
y me besas sin voluntad de guerra.
Y devaneas en torno a mis ideas sólo en bragas:
“Como la cuerda abierta suspensa de la rama
espero que salga tu temblorosa lengua...”
Ofreces tu néctar y sigues alimentando la sonrisa:
“ A las diosas nos gustan que nos miren,
que lleguéis al templo con la cabeza alta,
a las diosas nos gusta que nos rocen
los poetas con la punta de sus versos,
que os inmoléis por nuestros nombres
sobre húmedos altares de rosas e inciensos”.

JUAN FRANCISCO SÁNCHEZ ANDRADES
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