MOGUER
Platero está triste. Tiene miedo.
El arrabio oculta el azul del cielo.
Platero está triste. Tiene miedo.
A lo lejos, sus dos ojillos buscan
las blancas columnas de almas y lumbres
sobre los tejados del duro invierno.
Platero está triste. Triste e inquieto.
¡Inunda tanta lluvia sus recuerdos!
(¿Le acobardan los broncos sonidos
que las sirenas disparan al viento
desde la madrecepsa de ojos negros?).
Platero está triste. Triste y lejos.
¡Y esta lluvia impura que no cesa
ni crea rosas ni nombres exactos !
Platero está triste. Casi muerto.
Por su cabeza la luna pasea
la sombra de Zenobia en silencio:
tiembla sobre las tapias del pueblo.
Platero está triste. Tiene miedo.
Presiente que a las doce de la noche
se apagarán las luces de la torre
y se quedará como antes: radiante

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