Tu corazón, diccionario de índoles y vocablos,
llega y late en el aire de estos extensos campos.
Escritos en salmos sobre la hierba tierna,
oleremos el aliento de tus versos
sin sentir tanta tristeza por tu muerte.
A la memoria de Un Poeta Muy Querido,
que siempre deseó permanecer en el anonimato.
que siempre deseó permanecer en el anonimato.
Te oleremos el alma
entre el pomar y las higueras,
en los destellos dulzones
de la aurora enredada entre ramas
que huyen de Apolos malvados.
Te veremos caer de la lluvia
en forma de miles de fonemas
y moldear, con ideas nuevas,
puros cuerpos de barro.
Te veremos crecer en el trigo
que tiembla de viento,
en la mansedumbre de los verdegales
que musitan silencio.
Tú te harás cincel sobre la roca abrupta
y curvarás su piel para crear
a la primera mujer de la vida,
Tendrás el poder de hacer
y desaparecer del mapa.
Te harás visible en el resplandor del atardecer
que arde en los labios de la tierra al besar la noche.
Te convertirás en la miel de los enjambres,
y con ella te conmemoraremos.
Te convertirás en el vuelo de los ángeles,
en el dulcémele que toca la brisa del río
que se filtra entre los sauces y los girasoles.
Y la lengua lenta del céfiro lamerá tus versos
a su paso por los valles y el espacio,
y al agitar tu alma, serás tú el dorado cáliz.
Vivirás en palafitos de cristales
junto al río de tus fenicios y jugarás
a pleonasmos, oculto entre los álamos,
entre la maleza de los naranjales.
Revivirás en los pífanos cantares de los pájaros
y en los élitros invisibles de los grillos tenores.
¡Qué poca muerte habrá afectado a tus sentidos!
Y cuando bajen a la Tierra los ángeles tahúres,
tus ojos, cíngulos al alba, ceñirán las luces
del nuevo día, lentamente, midiendo sílabas.
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