como lluvia de oro entraré en tu extraña torre.
Pasaré sobre tu piel como el viento pasa:
rozando tu mente desde los sueños profundos.
Saltaré al agua que resumen las manzanas
capaces de transparentar sus féminas formas
sobre sábanas que son jardines para diosas.
Esperaré que vuelvas a casa con los ojos
perdidos, impregnados de una justa causa:
el trabajo, los tacones malditos, el fuego
que arde en los bullicios de los centros comerciales.
Esperaré que vuelvas a mí con tu cabello
suelto al aire y la locura llena en la sonrisa.
Será esta noche, por sorpresa, te haré de rosas,
pasaré por tu cuerpo como lluvia dorada,
abriré los pétalos de la flor más amada.
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