domingo, 27 de abril de 2014

PECES RESBALADIZOS.


Me gustaría escribir sobre el tiempo aquel
en que la primavera fue un asunto ideal
para extraer del alma un millar de imagenes
y escribir con rimas un millar de libros.
Me gustaría cosechar los frutos de mayo
y exponerlos en un escaparate literario
de un pequeño comercio de papel, 
quizá en una estrecha calle, en un barrio
de una pequeña ciudad marinera,
con olor a sal y el silencio necesario
para apreciar el sonido de los tacones
de las muchachas que se esconden
tras las máscaras de rímel, tras sus sueños,
tras los rojos pintalabios y sus besos.
Me gustaría escribir sobre ríos de miel
corriendo entre turgentes valles,
sobre deseos impresos en pechos
asustados por miedo a lo desconocido,
sobre el aroma dulzón y prohibido
de aquellos peces recién nacidos
que se deslizan entre las manos,
por timidez e inexperiencia, 
al salir del agua por primera vez.

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