Me gustaría escribir sobre el tiempo aquel
en que la primavera fue un asunto ideal
para extraer del alma un millar de imagenes
y escribir con rimas un millar de libros.
Me gustaría cosechar los frutos de mayo
y exponerlos en un escaparate literario
de un pequeño comercio de papel,
quizá en una estrecha calle, en un barrio
quizá en una estrecha calle, en un barrio
de una pequeña ciudad marinera,
con olor a sal y el silencio necesario
con olor a sal y el silencio necesario
para apreciar el sonido de los tacones
de las muchachas que se esconden
tras las máscaras de rímel, tras sus sueños,
tras los rojos pintalabios y sus besos.
tras los rojos pintalabios y sus besos.
Me gustaría escribir sobre ríos de miel
corriendo entre turgentes valles,
sobre deseos impresos en pechos
asustados por miedo a lo desconocido,
sobre el aroma dulzón y prohibido
de aquellos peces recién nacidos
que se deslizan entre las manos,
por timidez e inexperiencia, al salir del agua por primera vez.
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