domingo, 23 de febrero de 2014

¡AY, JOVEN POETA!

¡Ay, joven poeta! Sentirás amor y al final de tus días
habrás intentado mil veces definirlo.
Y también te vanagloriarán tus versos
recordando lo mucho que has soñado...

¡Ay, joven poeta! Te bofetearán, y tú, solidario,
ofrecerás infinitamente tus mejillas.

¡Ay, joven poeta! Zarparán tus versos
hacia travesías jamás escritas,
y mil veces de nuevo morirá tu corazón,
pero agradecerás a Dios el invento de la resurrección...
...por supuesto, querrás entender las leyes poéticas
y lo único que descubrirás
es que no hay ley que rija lo divino.

¡Ay, joven poeta! Querrás andar,
y al andar, hacer caminos...dejarás tus huellas
en los cristales mojados por una monotonía de lluvia intensa,
y en la soledad profunda sentirás la presencia
de don Antonio paseando por los Campos de Soria..

¡Ay, joven poeta! Leerás estos versos de Kavafis:
Desventurados son nuestros esfuerzos;
inútiles como aquellos de los troyanos.
Conseguimos un pequeño éxito; ganamos
un poco de confianza; y la esperanza
y el valor renacen... Y te reconocerás en ellos.

¡Ay, joven poeta! Al principio tampoco entederás
aquellas raras palabras de T.S.Eliot:
El tiempo presente y el tiempo pasado
están quizá presentes los dos en el tiempo futuro
y el tiempo futuro contenido en el tiempo pasado.
Si todo tiempo es eternamente presente
todo tiempo es irredimible. Y te arrastrarán
a una reflexión inútil, que solo los años
y la conciencia de lo vivido podrán esclarecerte.

¡Ay, joven poeta! Morderás la fruta
y tu pensamiento declamará estos versos de Lawrence:
"La manera correcta de comer un higo en compañía,
es cortarlo en cuartos sosteniéndolo de la punta,
y abrirlo, y de ese modo es una flor de cuatro pétalos,
de fuertes pétalos, resplandeciente, rosada, hú-
meda, melosa." Y estarás vinculado de por vida
a los frutos de la tierra.

¡Ay, joven poeta! A veces verás en la Flor de Acanto
la fealdad de los Cardos Borriqueros...

¡Ay, joven poeta! Alguna noche sentirás en tu cabeza
la voz de Paul Eluard:
"¡Qué hermoso espectáculo, pero qué hermoso espectáculo
Para prohibirlo! Su visibilidad perfecta
Me volvería ciego."  Y asumirás que el mundo
está siempre lleno de prohibiciones absurdas.

¡Ay, joven poeta! Un día llegará también
en que quieras gritar a los cuatro vientos,
bajo la máscara de un heterónimo,
aquellos alaridos  silenciosos de Pessoa:
" ¡Quiero ir con vosotros, quiero ir con vosotros,
al mismo tiempo con vosotros todos
a todas partes por donde fuisteis!

¡Ay, joven poeta! Sentirás la frustración de ser un sapo,
y te asaltarán extrañas onomatopeyas: Kerplunk,
como fue asaltada la mente de Allan Gisnsbert:
"El viejo estanque- salta una rana, ¡Kerplunk!
¡Dura carretera! caminé hasta que me apestaron los dos pies
-¡Ma! ¡ma! ¿Qué estás haciendo en esa cama?
¡Pa! ¡pa! ¿En qué agujero escondes la cabeza?
...y correrás el riesgo de besar los labios carnosos
de una princesa, y convertirla en rana.

¡Ay, joven poeta! A veces sentirás cierta vergüenza
por llevar tu condición inscrita en la mirada
y te identificarás con alguna idea de Peter Heller:
"Todos viven aislados de sí mismos.
se ven en la calle y no se quitan el sombrero.
aunque sientan deseos de hacerlo.
Bueno.
Es mejor dar un rodeo 
y si es posible, tutearse con mendigos, vagabun-
dos, policías
o cualquier otra clase de payasos... Pero tus rodeos
serán inútiles, tarde o temprano tendrás que mirarte de frente.

¡Ay, joven poeta! Cuando hayas volado,
tuyas serán los versos de Sagalen:
"ALAS... No. El plumoso vuelo para nada sirve
en el pináculo de las cimas,..."

¡Ay, joven poeta! Pronto escribirás estas palabras
con tus propias letras:
"Hablo de ti y de mi
Porque te amo y sé en el amor
Entrar como la Luna llena
Por cualquier sitio... Y por pura casualidad,
cualquier tarde de un mes romántico,
mientras registras en los anaqueles de una vieja biblioteca,
hallarás un libro de otro poeta, Odysseas Elytis, por ejemplo.

¡Ay, joven poeta! Para entonces ya te habrá susurrado Ezra Pound
que " me agrada estar entre mujeres bellas, 
¿por qué mentir sobre estas cosas?" 

¡Ay, joven poeta! A pesar de todo,
un pellizco en el pecho te hará saber que
"Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra,
traspasado por un rayo de sol:
Y enseguida atardece." Y que hubo quien, como Quasimodo,
vivió ese momento oportuno en un ocaso infinito.

¡Ay, joven poeta! Algún día te descubrirás la cabeza
y clavarás tus rodillas sobre la arena, frente al Óceano,
mientras lees a Alfonsina Storni, sobre su mar y su pensamiento:
¡Mujeres! La belleza es una forma
y el óvulo una idea...
¡Triunfe el óvulo!
Dentro de la mentira de la vida
existe una verdad
y hay que seguirla.

¡Ay, joven poeta! También podrá ocurrirte
que después de haber leído enésimamente
estos versos de Eugenio Montale,
creerás que fueron tuyos:
"Goza si el viento que entra en el pomar
trae de nuevo la oleada de la vida..."

¡Ay, joven poeta!¡En cuántas ocasiones
sufrirás un dolor enorme
que intentarás llamar Dios o Contratiempo!
Con suerte, te consolarán los Heraldos Negros,
cuando César Vallejo dice:
"Hay golpes en la vida, tan fuertes...Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé...

¡Ay, joven poeta! ¿Te temblará el pulso
para reconocer que " Todo ángel es horroroso
y que lo bello no es nada más que el primer grado de lo terrible..."
y militarás en las filas de Rilke?

Ese será, joven poeta, el justo instante
en que te lamerá el alma la lengua de la melancolía,
como lamió los versos de Juan Ramón, bajo la Voz Velada:
¡Hervor fragante y frío de matices marchitos
-acarician el alma manos de raso lento-,
yerran miradas locas y risas extinguidas
y explosiones sin nombre de dolores secretos! 

¡Ay, joven poeta! Jamás te abandonará la sensación
de que siempre falta algo, como le ocurriera a Jaroslav Seifert:
"¡Falta aún una hojita,
              falta aún un granito,
falta aún lo que cabe en la punta de un alfiler!  

¡Ay, joven poeta! A lo largo de todo este recorrido,
con tu propios versos te preguntarás aquella questión
que merodeaba en el pensamiento de Artur Ludkvist:
"¿Por qué no se iba a arratrar la poesía por la 
    tierra
como un pájaro hembra que quiere desviar el
    peligro
para emprender de repente su vuelo--?

En fin, poeta nuevo, ya mismo asumirás
la autoría de todos estos versos... 
podrá ocurrir esta misma noche a mediodía,cuando 
los elefantes se cuenten unos a otros chistes humanos
o cuando los niños de familias felices tengan que irse a un orfelinato,,,
o cuando pases por la calle de Adrian Henri
-en el bulevar de los poetas locos...-

 ¡Ay, joven poeta!  Y cuando Jules Supervielle,
te guiñe el ojo con estos versos:
-¿Que queréis que yo haga con el mundo,
Ya que muy pronto he de dejarlo?-
Tú ya sabrás que ha llegado el momento de hacer las maletas, 
de escribir tu pequeño legado a la humanidad,
y de limpiar tus falsas huellas 
para despejar de errores los caminos... 

 

1 comentario:

  1. Sin palabras. Me has emocionado hasta la médula con tu poema. Trabajado, completo, perfecto... He aprendido muchísimo leyéndolo.

    María José Cabuchola Macario

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