Alguien me dijo una vez, que alguien le había dicho, que el insigne linguista, Lazaro Carreter, autor de infinidad de libros de textos, dijo:
El lenguaje es un ente vivo que se adapta a las circunstancias y que cambia por naturaleza, que tiende a expresar con el mínimo esfuerzo, el mayor número de ideas, por lo tanto, evoluciona...
Así que yo, acogiéndome por conveniencia, a esta ilustre definición, y porque ya no me acuerdo de la mitad de las reglas ortográficas, me tomo la libertad de comerme, de vez en cuando, algún fonema de sobra, alguna tilde de más, las incomodísimas dieresis que nunca sé dónde están en el teclado, e incluso de omitir, por voluntad propia, alguna consonante muda que ni dice ni importa... porque tanto yo, como mi lenguaje, evolucionamos. Pero sobre todo os digo, escritores que cometéis algún acto de evolución linguistica, lo importante no será jamás el significante, sino el contenido y el significado.
Nota importante: Los nombres propios, sobre todo los de ilustres personajes, siempre deberían escribirse correctamente, por ejemplo, Lázaro, puesto que la palabra es esdrújula.
Y otro consejo, leed las obras de los demás con la misma condescendencia y el mismo cariño con que escribís la vuestra.
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